Puerto Rico es un de las islas que pertenece a las
Antillas Mayores. Se localiza entre el mar Caribe y el océano Atlántico, al este
de la República Dominicana y
al oeste de las Islas Vírgenes Estadounidenses.
La “isla grande” es de forma casi rectangular, con una superficie de alrededor
de 3435 millas cuadradas (cerca de 9000 kilómetros cuadrados). A su geografía
se le agregan las islas-municipio Vieques y Culebra, así como las
islas de Mona, Desecheo y Caja de Muertos.
Puerto Rico adquirió extremada importancia en el esquema
de navegación que se inició a finales del siglo XV, entre Europa, África y América, gracias a las
corrientes oceánicas formadas por la corriente ecuatorial del norte, la
corriente del Golfo, la del Atlántico Norte y la de las Islas Canarias. Las
rutas comerciales obligaban a los barcos a llegar a América siempre a través
del arco de las Antillas menores, específicamente muy cerca de la Dominica. En
ese contexto geopolítico, Puerto Rico fue siempre la primera isla de las
Antillas Mayores en el paso de las flotas hacia puertos caribeños de extrema
importancia económica como lo fueron Cartagena de Indias (actual Colombia),
Veracruz (actual México), Portobelo o Nombre de Dios (actual Panamá). Fue así
que, como parte del plan integral de defensa del Caribe español, la isla fue
considerada “la llave de las Indias.”1 Este detalle marcaría su destino como colonia
del imperio español entre los siglos XVI al XIX. Siglos más tarde, finalizando
el XIX, Estados Unidos, tras la guerra Hispano-Estadounidense, anexó la Isla
como parte de los acuerdos con España contenidos en el Tratado de París de
diciembre de 1898.
Sin embargo, la historia de Puerto Rico no comenzó en
1508 con la conquista y colonización por parte del entonces incipiente imperio
Español. La historia de las Antillas en general, se remonta al sexto milenio de
la era antes de Cristo, momento en que arribaron a sus costas sus primeros
pobladores. Los especialistas aseguran que el punto de partida de estos
migrantes primarios se debe ubicar en América del Sur (nordeste de Venezuela y
Colombia), América del Norte (península de la Florida) y, posiblemente, en
América Central (península de Yucatán).
En esa historia antillana prehispánica Puerto Rico tuvo
un lugar prominente y protagónico.
LA
LUCHA POR LA INDEPENDENCIA de Puerto Rico es la lucha de América Latina por su
independencia nacional y el despliegue en la región de una alternativa
antiimperialista, anticapitalista y socialista. Las intervenciones que se
presentan en este texto ofrecen un material de primera importancia política y
de alto valor académico para entender el significado de la lucha
independentista y nacionalista de Puerto Rico y las repercusiones que su
triunfo tendría en toda América Latina y de una manera particular en el Caribe.
Estos materiales son el resultado del encuentro realizado del 25 al 29 de julio
de 1977 en la Universidad Nacional Autónoma de México. Los participantes
puertorriqueños en este encuentro representan las opciones políticas que buscan
afirmar los intereses históricos del pueblo puertorriqueño. La lectura de esta
obra es obligatoria para entender los caminos que siguen los latinoamericanos
para definir sus propias alternativas históricas. 1 Texto de contratapa de la
publicación original [N. de los E.]. 2 Coordinador del Centro de Estudios
Latinoamericanos. 15 INTRODUCCIÓN Suzy Castor1 DEL 25 AL 29 DE ABRIL DE 1977,
las Facultades de Ciencias Políticas y Sociales, de Economía y de Filosofía y
Letras con la colaboración de la Asociación de Estudiantes y residentes
puertorriqueños en México, organizaron un debate sobre la cuestión
puertorriqueña con un ciclo intitulado: Puerto Rico, una crisis histórica. Esta
reunión, que difícilmente podría realizarse en la isla, tuvo la particularidad
de reunir a los principales protagonistas de la vida política borinqueña y de
presentar todo el abanico ideológico y político (a excepción del anexionismo)
sobre la problemática puertorriqueña. Participaron en ella, Rubén Berríos
Martínez, Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP); Rafael
Hernández Colón, gobernador de la isla hasta diciembre de 1976, entonces
presidente del Partido Popular Democrático (PPD), defensor del Estado Libre
Asociado; Juan Mari Bras, Secretario General del Partido Socialista
Puertorriqueño (PSP) que postula el independentismo socialista; Roberto Sánchez
Vilella, gobernador de 1964 a 1969; Manuel Maldonado Denis, sociólogo,
catedrático, autor de importantes estudios sobre Puerto Rico. 1 La Dra. Suzy
Castor es Investigadora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad
de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. PUERTO RICO, UNA CRISIS HISTÓRICA
16 Como comentaristas de ponencias y en las mesas redondas participaron
destacados académicos de México y de otros países, tales como el Dr. Pablo
González Casanova, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México;
Héctor Cuadra; Agustín Cueva Dávila; Sergio de la Peña; Jaime Labastida; así
como José Luis González; Emilio González; Cayetano Llobet; Eduardo Ruiz; Daniel
Waksman. El trabajo de edición bastante laborioso, recogió las ponencias
escritas, las orales, las preguntas a los ponentes y las respuestas a las
mismas, así como las mesas redondas que fueron exposiciones orales. Para la
presentación del material en su forma actual, se respetó siempre el sentido de
lo expuesto por los ponentes. Por lo delicado de esta tarea, conservamos en
nuestros archivos del CELA las cintas grabadas de todas nuestras sesiones.2 El
Coloquio fue realizado al momento de una nueva coyuntura tanto en Estados
Unidos como en Puerto Rico. En efecto, el Presidente Gerald Ford, en las
postrimerías de su administración, a pesar de haber perdido las elecciones,
anunció el 30 de diciembre de 1976 en Vail (Colorado), su decisión de someter
al Congreso de Estados Unidos un proyecto de ley para incorporar a Puerto Rico
como Estado de la federación norteamericana. El 14 de enero, a escasos días del
traspaso de poder, Gerald Ford propuso al Congreso la creación de un nuevo
Comité ad hoc para investigar todos los efectos de la Estadidad para Puerto
Rico y los pasos necesarios a seguir tales como la redacción de una
Constitución para el nuevo Estado, la realización de un referéndum en la isla y
la anexión. El presidente electo James Carter en este momento reiteró la tesis
colonialista que Puerto Rico pertenece a Estados Unidos y asumió la posición
del presidente Ford. Sin embargo, se mostró mucho más cauteloso al afirmar que
si bien “favorecía la estadidad para Puerto Rico, lo hacía si el pueblo que
vive allí lo prefiere... y que el Congreso norteamericano no debería tomar la
iniciativa propia”. Al mismo tiempo, se presentaba un cambio en la
administración interna puertorriqueña. El Partido Popular Democrático (PPD),
fundador del Estado Libre Asociado (ELA), acababa de sufrir una derrota. Su
candidato, el gobernador en turno Rafael Hernández Colón, había perdido las
elecciones del 2 de noviembre de 1976, frente a Carlos Romero Barceló del
Partido Nuevo Progresista (PNP). El PNP, agrupación anexionista que reúne a los
sectores más conservadores, había recuperado el poder perdido desde la
gubernatura de Luis Ferré de 1969 a 1972. 2 Las cintas grabadas fueron
transcritas por Elizabeth Jordán y Maritza Pérez Otero. Agradecemos a Elizabeth
Darzón por su ayuda en la revisión del material y a Gilda Lugo que tan
gentilmente mecanografió los textos. Suzy Castor 17 Por ello, durante el
Coloquio, tras todas las intervenciones y exposiciones, la cuestión candente,
en el centro de los debates, venía a ser la del status: anexionismo,
estadolibrismo, independencia. Hoy día, después de dos años de gobierno de
Carter, de la gestión de Romero Barceló y de la actuación en el escenario de
las principales fuerzas políticas de la isla, ¿cuál es la situación? Siguen
vigentes la problemática colonial planteada en el Coloquio y todos los
elementos de la crisis. En efecto la evolución histórica de Puerto Rico está
estrechamente ligada a su situación colonial bajo la potencia imperialista más
fuerte del mundo. En la actualidad, la agudeza de la crisis colonial se inserta
dentro del contexto de la crisis internacional, la más larga y prolongada del
capitalismo. Hoy día el presente status de Puerto Rico no satisface a casi
ninguno de los sectores norteamericanos. Desde hace algunos años, los informes
confidenciales u oficiales han subrayado con insistencia que “los años
tranquilos de la ELA han pasado”. Ya en 1974, un alto funcionario del
Departamento de Estado, C. Arthur Borg, señalaba que “el ELA es inaceptable
para la comunidad internacional y no es compatible con la realidad
constitucional norteamericana”. Aunque en las altas esferas de Washington se
plantean dos alternativas: estadidad o independencia, la actitud que prevalece
es un rechazo a la descolonización de Puerto Rico. Si bien alrededor de estos
dos puntos existe un consenso en los círculos oficiales norteamericanos, la
administración Carter no vislumbra todavía con mucha claridad, los nuevos pasos
a emprender para intentar mediatizar las reacciones generadas por los
sentimientos nacionalistas puertorriqueños y más de acuerdo con la evolución de
la situación internacional. Sin embargo, el cambio es urgente, tal como lo
subrayaba con mucho realismo en noviembre de 1977 el ex-embajador
norteamericano en República Dominicana, Martin Bartlow, “En la cuestión de
Puerto Rico, hay una bomba de tiempo potencialmente peligrosa para nosotros”.
El Wall Street Journal (el único de los 27 grandes periódicos estadunidenses
que aplaudió la decisión de Gerald Ford) no escondió sin embargo sus
preocupaciones frente a la anexión, al escribir en enero de 1977: Los verdaderos
problemas de la estadidad en Puerto Rico son complicados, en términos
económicos y políticos. Los obstáculos económicos hacen resaltar algunas de las
descabelladas decisiones de la política de Estados Unidos y los problemas
políticos involucran el futuro de la política norteamericana hacia el Caribe en
general. PUERTO RICO, UNA CRISIS HISTÓRICA 18 El Pentágono representa la línea
dura que empujaría hacia una anexión, mientras el Grupo del Foreign Police
Institute con Zbigniew Brzezinski, del Departamento de Estado, considerando las
repercusiones internacionales de la anexión y sus posibles consecuencias en la
política interna de Estados Unidos, mantienen una actitud más prudente. Por
ello, frente al referéndum programado para después de 1980, la administración
Carter está multiplicando los estudios sobre la isla. Entre ellos merecen
destacarse el de William Tansill, Puerto Rico, ¿estadidad o independencia?
(agosto de 1977); el de Donald W. Kiefer, La aplicación de las leyes
contributivas federales y programas de gastos a Puerto Rico como Estado
(septiembre de 1977). Ambos pertenecen a la División de Análisis de gobierno
nacional de la Biblioteca del Congreso; el informe de Peter B. Sheridan de mayo
de 1978 sobre Estado libre, estadidad o independencia y, naturalmente, el
estudio de la Comisión conjunta norteamericana-puertorriqueña de 1977, cuyos
resultados fueron entregados en febrero de 1979. Las conclusiones de todos
estos estudios subrayan para la administración Carter la complejidad de la
situación puertorriqueña. Rechazan la estadidad. Rechazan la independencia.
Descartan la alternativa de la ELA, poco viable en su forma actual.
Coincidiendo con las conclusiones del Coloquio, dichos informes hacen
referencia a la importancia económica y política de Puerto Rico para los
Estados Unidos. En efecto, la existencia de grandes cantidades de petróleo en
la costa atlántica de Puerto Rico es ya una realidad. No se puede ignorar la
presencia de las grandes trasnacionales norteamericanas y la articulación de la
economía puertorriqueña a la norteamericana. Las consideraciones geopolíticas
pesan cada vez más en la estrategia norteamericana. Con la actuación de Cuba en
África, se estima que ha aumentado la importancia de Puerto Rico en cuanto a su
papel para la “defensa y seguridad nacional” de los Estados Unidos. El Caribe
—señalaba en 1978 Martin Bartlow—, sigue siendo nuestra frontera y sigue siendo
una base potencial desde la que una potencia hostil podría lanzar operaciones
militares contra nosotros, sigue siendo una fuente de materias primas
estratégicas y sigue siendo una importante ruta marítima a través de la cual
reabastecemos a nuestra propia costa oeste y la costa occidental de América del
Sur, y Puerto Rico es la llave del arco de islas que guarda la entrada al
Caribe. Por ello, la administración Carter ha guardado una actitud prudente
frente al statu quo para no comprometer los próximos pasos a realizar a fin de
salvaguardar los intereses económicos, políticos y militares del imperio. Ha
multiplicado las declaraciones verbales. El 25 de julio Suzy Castor 19 de 1978
el mandatario estadounidense envió una carta a Carlos Romero Barceló en la cual
se manifiesta a favor del plebiscito de 1981 asegurando que su país y su
gobierno han estado dispuestos en el pasado, están dispuestos en el presente y
en el futuro a respetar la autodeterminación del pueblo puertorriqueño. Todavía
en septiembre de 1978, Andrew Young declaraba que Estados Unidos “respetará el
derecho de los puertorriqueños a determinar de nuevo su curso político”. Sin
embargo, la historia ha demostrado en qué consiste dicho respeto. Lo que está
en juego es grande, y la administración Carter busca desesperadamente una nueva
vía para mantener y consolidar el dominio colonial sobre la isla. Mientras tanto,
durante estos dos años, Romero Barceló y su partido, utilizando todos los
recursos y la maquinaria política gubernamentales llevaron una actividad febril
tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico para convencer de los beneficios de
la estadidad. Han denunciado “los rasgos coloniales de la ELA”, la situación
política ambigua de Puerto Rico en la actualidad, el papel de “ciudadanos de
segunda de los puertorriqueños” que son excluidos del voto presidencial, y que
no tienen representantes en el Senado. Han comparecido en la ONU planteando las
dos alternativas posibles: estadidad o independencia. En las últimas elecciones
primarias demócratas estadounidenses se han puesto al lado del Partido
Demócrata, apoyo tradicional de los PPD. No hay duda de que esta posición del
PNP agrega una nota más de confusión en un cuadro de por sí complicado para los
pro-norteamericanos y los estrategas del Departamento de Estado. Sin embargo,
mientras estas actividades del PNP en favor de la anexión se desarrollan, se
agudiza la crisis económico-social señalada en el Coloquio de 1977. El
gobernador Romero Barceló declaraba con mucho optimismo en un discurso en marzo
de 1978: “La recuperación está ocurriendo en todos los sectores económicos del
país, inclusive en el sector industrial”. Sin embargo, esta ligera recuperación
no fue más que una ilusión. A pesar del Nuevo Programa de Incentivos instituido
por el gobierno, los factores de crisis señalados por los participantes del
Coloquio siguen aumentando: la inflación, el desempleo (40% de la fuerza de
trabajo), la emigración, la deuda pública (más de 12 mil millones de dólares),
las quiebras, la criminalidad, etcétera, golpean con mucha fuerza a los
puertorriqueños. Todavía más, los nuevos reglamentos sobre los cupones
alimenticios adoptados en marzo de 1979, afectan sobremanera a los sectores
bajos y medios de la población. Las manifestaciones de descontento se han
multiplicado. Por una parte, una ola de violencia se ha desatado sobre la isla,
y por la otra el movimiento sindical organizado empieza a adquirir cierta
fuerza. PUERTO RICO, UNA CRISIS HISTÓRICA 20 Al respecto fue bastante
significativo, la huelga por la UTIER contra la Autoridad de las Fuentes
Fluviales, lo que provocó una situación calificada por Romero Barceló como “la más
delicada y crítica por la que ha atravesado Puerto Rico durante muchos años”.
Incluso, a nivel del aparato gubernamental, en el PNP, se nota cierto malestar
con la renuncia de altos funcionarios del gobierno tales como Reinaldo
Paniagua, secretario de Estado; Roberto Torres González, jefe de la policía; y,
Mariano Mier, presidente del Banco Gubernamental de Fomento Económico. Frente a
esta situación, el gobierno entró en una fase que Hernández Colón calificó de
“deterioro institucional”. La represión se vuelve menos velada que en las
administraciones anteriores, los despidos de empleados por razones políticas
aumentan e, incluso, se llega a situaciones extremas como la de Cerro
Maravillado de Villalba que provocó la muerte de dos estudiantes, Carlos Soto y
Arrivi y Arnaldo Davis Rosado, el 25 de julio pasado, lo que desató protestas
de todos los partidos políticos de la isla. En el plano internacional, la
Comisión Especial de Descolonización de la ONU aprobó una nueva resolución en
favor de Puerto Rico. Desde 1962, se venía dando la presentación reiterada en
las Naciones Unidas del caso colonial de Puerto Rico, por Cuba con el apoyo de
varios otros países. Esta denuncia que, al mismo tiempo, exige la aplicación
del acuerdo 1514 (XV) adoptado por la ONU, se enfrentó siempre a las presiones
diplomáticas, chantaje y amenazas de los Estados Unidos. Para impedir que se
discuta el caso, se venía argumentando que el Comité no tiene jurisdicción para
tratar un asunto interno de Estados Unidos. Sin embargo, la solidaridad
internacional con el caso de Puerto Rico colonial se fue extendiendo,
manifestándose en conferencias internacionales tales como las de los países no
alineados. En la sesión de la ONU de 1978, la correlación de fuerzas dentro del
Comité de los 24, hacía prever lo decisivo del proyecto presentado por Cuba e
Irak, el cual sentaba las bases para la descolonización de Puerto Rico. En
vista de la importancia de esta, asistieron y participaron en los debates,
representantes de todas las fuerzas políticas de la isla y aun de Estados
Unidos; los portavoces máximos de los partidos políticos puertorriqueños,
incluso el anexionismo con el propio gobernador Carlos Romero Barceló; los
representantes de más de 30 organizaciones políticas, culturales,
profesionales, religiosas, masónicas; los independentistas y los “pitiyanquis”
del PNP; las organizaciones internacionales como el Comité Mundial de la Paz
con su representante Romesch Sandra; los grupos anti anexionistas de Estados
Unidos con el congresista Ronald Dellums, etcétera.
Para algunos, se trata de una
"revolución", un movimiento popular-musical, una movilización como
nunca antes se había visto en la azarosa historia de la isla.
En menos de dos semanas, un movimiento
cívico sin precedentes, con algo de reggaetón y mucho de indignación, colocó a
Puerto Rico en el mapa noticioso del mundo y acabó con la renuncia del
gobernador, Ricardo Rosselló.
La filtración de un chat privado
-salpicado de misoginia y homofobia- y el arresto de dos altas figuras de su
gobierno acusadas de corrupción fueron la chispa que hizo estallar el polvorín
de las inconformidades sociales de los puertorriqueños durante las últimas
décadas.
"Sin quitarle nada a la palabra, se trata de un hecho
revolucionario. Nunca antes la sociedad puertorriqueña se había unido de
esta forma para pedir la salida de un gobernante", asegura a BBC Mundo
José J. Colón, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Puerto Rico,
recinto de Río Piedras.
Las
protestas tomaron las principales calles desde mediados de julio.
Fin de las recomendaciones.
La
música, las pancartas, los cacerolazos y las banderas llegaron incluso a
lugares más remotos de la isla y, aunque resistió durante más de diez días,
Rosselló no tuvo más alternativa: anunció en la noche del miércoles que deja el
cargo el venidero 2 de agosto.
iles de personas se manifestaron durante días para pedir la renuncia de
Rosselló.
Sin
embargo, la gran pregunta pendiente es en qué medida su renuncia será también
un primer paso para resolver los graves problemas de la isla que, en
definitiva, fueron la "bomba de tiempo" que hizo finalmente explotar
la publicación de los chats.
"No cabe duda de que Rosselló se tenía que ir. Sus comentarios
en esos chats mostraban un desprecio total por principios básicos de derecho
humano, de respeto a la dignidad humana y fue legítimo que se pidiera su
salida", comenta Colón.
"Pero
también es cierto que el descontento popular detrás de estas protestas tiene su
base en otros problemas de fondo que preceden a Rosselló", agrega.
Una isla en crisis
Desde
2006, Puerto Rico vive una desastrosa crisis económica de la que todavía no ve
un posible escape.
Ese año,
el Congreso de EE.UU. suspendió un acuerdo que favorecía a las empresas
estadounidenses para que se establecieran en la isla, lo que conllevó a un
éxodo de compañías y propició el inicio de la debacle económica.
Decenas
de miles de puertorriqueños han emigrado desde entonces, los índices de
desempleo y pobreza se han disparado, los recortes y la deuda se ha
multiplicado y el gobierno se quedó sin fondos.
"Algunos
de los problemas que están ventilando en estas protesta tienen más que ver con
una serie de políticas de austeridad, una serie de recorte de gasto público que
llevan muchos años molestando a la población", señala Colón.
ueños pidieron la salida de Rosselló, pero también de la Junta Federal que
controla los gastos fiscales.
En 2016, Estados Unidos puso en marcha un mecanismo para la restructuración
de la deuda, que ascendía entonces a los US$70.000 millones, a
cargo de una junta federal de supervisión que tomaría
decisiones respecto a los presupuestos del país, en lugar de la gobernación.
Desde
entonces, esa junta se ha vuelto una figura incómoda, tanto para las
autoridades locales como para muchos puertorriqueños, que la consideran una
intromisión en los asuntos internos que limita la posibilidades de desarrollo.
Y sin
mucho que poder hacer en ese sentido al inicio de su gobierno en 2017, Rosselló
no tuvo de otra que declarar la isla en bancarrota.
Luego llegó el huracán María, que barrió Puerto Rico de un lado a otro con
una estela de desolación y muerte: el gobierno reconoce unos 3.000
fallecidos pero según un estudio de Harvard fueron más de 4.600.
Además, miles de personas se quedaron sin electricidad por casi un año.
"Cuando
vino el huracán, el gobierno de Puerto Rico contaba con muy pocos recursos y
había municipios que, incluso sin el huracán en el horizonte, ya no tenían
recursos para recoger la basura o para hacer cosas básicas de su gestión",
comenta Colón.
stó la isla en 2017.
"Todo
estos eventos más casos de corrupción que se han ido reiterando han creado una
creciente polarización en Puerto Rico: hay sectores cada vez más ricos y
sectores cada vez más pobres", explica a BBC Mundo Carlos A. Suárez
Carrasquillo, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Florida.
"Al
final todas estas circunstancias que se vienen cargando por décadas actuaron
como caldo de cultivo que finalmente explotó con el chat de Ricardo Rosselló.
Pero es cierto que hay una serie de eventos que preceden a Rosselló que
complican la dinámica de gobernar en Puerto Rico", señala.
La Junta
Fiscal sigue controlando los gastos y su influencia en la política local, en
criterio de muchos, trasciende sus propias funciones.
Mientras,
los efectos del ciclón se hacen sentir casi dos años después y el gobierno no
cuenta con los recursos monetarios o humanos para hacerle frente.
La relación con Estados Unidos
Desde
finales de 1898, cuando dejó de ser colonia de España, Puerto Rico vive una
situación anormalmente peculiar: no se convirtió, como ocurrió con Cuba, en un
país independiente, sino que pasó a manos de EE.UU., sin llegar a ser estado de
pleno derecho.
Es un
"estado libre asociado", lo que implica que sus habitantes son
ciudadanos estadounidenses; pero no cuentan con algunos de los deberes,
privilegios y ayudas de los que gozan otras partes de EE.UU.
En cinco
ocasiones los puertorriqueños han llevado a referendo el estatus político de su
isla, pero los resultados han sido variados y nunca Washington los ha
considerado vinculantes.
La
relación es también un motivo de división en la isla, entre los que creen que
Puerto Rico debería ser independiente y los que opinan que debería unirse a
Estados Unidos o, incluso, los que abogan por otras opciones intermedias.
"Históricamente,
el tema que fragmenta la política en Puerto Rico es el de la relación con
Estados Unidos: estabilidad, independencia, status quo. Y es un problema que
también sigue independientemente del gobernador", señala Suárez
Carrasquillo.
De
acuerdo con Colón, a través de los años, el Partido Progresista, liderado hasta
el pasado domingo por Rosselló, encaminó sus esfuerzos a negociar la admisión
de Puerto Rico en la federación estadounidense.
"Eso ha resultado claramente una fantasía y una estrategia
fallida, por las propias objeciones en Estados Unidos que van desde los
temores a que se convierta en un estado demócrata, a temas raciales o miedo de
que Puerto Rico necesite incentivos contributivos especiales", señala.
La
compleja relación con Estados Unidos conlleva a que la isla esté sometida
además a un régimen especial en el que solo barcos con bandera estadounidense
pueden atracar allí, lo que se ha convertido en un obstáculo para su comercio y
ha encarecido notablemente los precios de los productos.
"Sin
lugar a dudas, la relación con Estados Unidos es uno de los problemas que
también van más allá de Rosselló y que serán un desafío para cualquiera que
gobierne", agrega Colón.
Un gobierno "sin legitimidad"
El
anuncio de la renuncia de Rosselló el miércoles conllevó también a que muchos
se cuestionarán quién tomará las riendas de la isla hasta las elecciones de
2020.
Es la
primera vez que un gobernador dimite en la isla, pero las complicaciones en la
sucesión no radican ahí.
De
acuerdo con la Constitución de Puerto Rico, sería el el secretario de Estado
quien debería sustituir al gobernador, pero Luis G. Rivera Marín, quien ocupaba
ese cargo, también renunció por su participación en el intercambio de los
polémicos chats.
ora de Rosselló el próximo 2 de agosto.
En tal
caso, la tercera persona en línea para el cargo es quien ocupe la Secretaria de
Justicia, en este caso la abogada Wanda Vásquez Garced.
La
jurista, no obstante, enfrenta numerosas señalamientos en su país y una
creciente impopularidad, tanto entre los sectores que han organizado las
protestas como en la clase política.
De
hecho, los expertos consultados por BBC Mundo ponen en duda que realmente
llegue al cargo: en las protestas de este miércoles, ya comenzaron a aparecer
carteles y consignas en su contra.
Según
Colón, las protestas en la isla responden también a un elemento que va más allá
del escándalo del chat de Rosselló: la crisis de los partidos tradicionales y
del bipartidisimo que ha gobernado la isla desde mediados del siglo XX.
"Mientras
no cambie la estructura política, esas incomodidades se continuarán generando y
continuarán apareciendo candidaturas independientes", señala.
escontento de los puertorriqueños con su gobierno local se ha acumulado a
lo largo de los años.
Suárez
Carrasquillo, por su parte, considera que una de las cuestiones fundamentales
es cómo la máxima autoridad de Puerto Rico conseguirá restaurar la confianza
popular, que se ha lastrado por décadas.
"El
gobierno perdió su legitimidad popular y una de las interrogantes que quedan
pendientes es si la persona que asuma el cargo la podrá recuperar. Y nombrar a
alguien que tenga apoyo popular es un elemento decisivo para las elecciones de
2020", considera.
De
acuerdo con el experto, la gran pregunta es si existe alguien en Puerto Rico
que pueda satisfacer las exigencias políticas de este movimiento cívico que
lleva dos semanas en las calles de San Juan. O de dónde saldrá el líder que
satisfaga las exigencias políticas de los que ahora han tomado las calles.
"Ahora
queda por verse qué tendrá más fuerza si los conflictos partidistas
tradicionales o los reclamos sobre la relación con EE.UU., la voz de los que
piden Rosselló fuera, pero también, los que protestan por la Junta o por la
deuda. Es algo que está por verse en los días venideros", opina.
La emigración de puertorriqueños a Estados Unidos ocurrida después
de la Segunda Guerra Mundial ha sido uno de los fenómenos de mayor trascendencia
en la historia de Puerto Rico. Aun cuando ya desde principios del siglo XX
ocurría alguna emigración de puertorriqueños, para 1944 sólo habían dejado
nuestras playas poco más de 70,000 individuos, para un promedio aproximado de
2,000 personas por año. Entre 1945 y 1949, sin embargo, emigran 135,000
personas a un ritmo promedio de 27,000 anualmente. En 1952 y 1953 emigran,
respectivamente, 60,000 y 70,000 puertorriqueños, las cifras más altas
registradas en la Isla hasta esa fecha. Durante el período de 1950-54, más de
237,000 isleños se mueven a Estados Unidos, cerca de 47,000 por año. La
emigración baja un poco después durante el próximo quinquenio (1955-59), aun
cuando 193,000 personas emigran. En total, entre 1945 y 1959 más de medio
millón de puertorriqueños había dejado nuestras playas.
Si añadimos al total de emigrantes
el número de hijos que éstos hubiesen procreado en la Isla de haberse quedado,
llegamos a la conclusión de que entre 1940 y 1960 la Isla dejó de ganar
alrededor de un millón de personas como resultado de esta emigración en masa.
Como consecuencia, el ritmo de crecimiento poblacional sufrió un considerable
amortiguamiento entre 1940 y 1960.
Se estima que entre 1950 y 1970
unos 700,000 puertorriqueños abandonaron la Isla para radicarse en su inmensa
mayoría en Estados Unidos. De acuerdo con el censo de 1970, residían en Estados
Unidos 1,391,000 personas de ascendencia puertorriqueña, de las cuales 810,000
eran emigrantes y 581,000 eran hijos de emigrantes nacidos en Estados Unidos.
Tomando en cuenta estas cifras, la emigración de puertorriqueños hacia Estados
Unidos fue capaz de reducir la población de la Isla en un 34% entre 1950 y
1970.
Sin embargo, desde 1957 hemos
venido observando una reducción radical en las cifras de emigración. En 1961,
por ejemplo, y por primera vez desde la época de la Depresión, se registró en
la Isla un balance de inmigración de alrededor de 2,000 personas. En otras palabras,
entraron a Puerto Rico dos mil personas más de las que salieron.
Durante
los años sesenta, la emigración de puertorriqueños nacidos en la Isla continuó
en aumento aun cuando la emigración total se redujo radicalmente. Esto se debe
a que hubo un aumento consistente en la inmigración de personas nacidas fuera
de Puerto Rico. De esta inmigración de personas nacidas en el extranjero,
alrededor de un 30% era de origen puertorriqueño; esto es, uno o ambos padres
eran puertorriqueños. Sin embargo, la gran mayoría eran extranjeros de
ascendencia y nacimiento. Suponemos, que los datos no expresan tal desglose,
que parte de estos extranjeros eran cubanos, especialmente para el año 1961. La
magnitud de las cifras nos indica que la gran mayoría deben ser estadounidenses.
En otras palabras, a principios de los años sesenta aparentemente hubo un
intercambio de población en la Isla y no un descenso en la emigración de los
puertorriqueños.
NOTA
EL PERIODISTA Alberto Diaz:
Si
tomamos en cuenta que la historia registra una gran ola de inmigrantes
puertorriqueños hacia la República Dominicana durante la década de los 40s,
podemos ver que para nada a los boricuas les interesa que el mundo sepa que en
1947 muchos de ellos dejaron todas sus pertenencias en su país para venir a la
isla.
Muchos
quedaron indocumentados porque en su travesía en Yola, se mojaron sus documentos
y otros no tuvieron tiempo de tomarlos en Borinquén para traerlos y al llegar a
la república con el sistema político que había de la dictadura trujillista,
pues esto quedaron como un dominicano mas. Pero a los boricuas no les
interesa que esta historia se conozca
porque ahora son los dominicanos que toman la yola para emigrar hacia esa isla
que por supuesto es bonita con gente muy hospitalaria aunque no dejan de tener
un resentimiento guardado cosa que se la achacamos al problema laboral ya que
estos señala que la falta de empleo que hay en la isla es por culpa de la usurpación de los espacios y oportunidades por parte de
los dominicanos y dominicanas que llegan allí.

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