jueves, 9 de enero de 2020

BORICUAS EMIGRAN EN YOLA A SANTO DOMINGO

SANTO DOMINGO.-
Puerto Rico es un de las islas que pertenece a las Antillas Mayores. Se localiza entre el mar Caribe y el océano Atlántico, al este de la República Dominicana y al oeste de las Islas Vírgenes Estadounidenses. La “isla grande” es de forma casi rectangular, con una superficie de alrededor de 3435 millas cuadradas (cerca de 9000 kilómetros cuadrados). A su geografía se le agregan las islas-municipio Vieques y Culebra, así como las islas de Mona, Desecheo y Caja de Muertos.
Puerto Rico adquirió extremada importancia en el esquema de navegación que se inició a finales del siglo XV, entre Europa, África y América, gracias a las corrientes oceánicas formadas por la corriente ecuatorial del norte, la corriente del Golfo, la del Atlántico Norte y la de las Islas Canarias. Las rutas comerciales obligaban a los barcos a llegar a América siempre a través del arco de las Antillas menores, específicamente muy cerca de la Dominica. En ese contexto geopolítico, Puerto Rico fue siempre la primera isla de las Antillas Mayores en el paso de las flotas hacia puertos caribeños de extrema importancia económica como lo fueron Cartagena de Indias (actual Colombia), Veracruz (actual México), Portobelo o Nombre de Dios (actual Panamá). Fue así que, como parte del plan integral de defensa del Caribe español, la isla fue considerada “la llave de las Indias.”1​  Este detalle marcaría su destino como colonia del imperio español entre los siglos XVI al XIX. Siglos más tarde, finalizando el XIX, Estados Unidos, tras la guerra Hispano-Estadounidense, anexó la Isla como parte de los acuerdos con España contenidos en el Tratado de París de diciembre de 1898.
Sin embargo, la historia de Puerto Rico no comenzó en 1508 con la conquista y colonización por parte del entonces incipiente imperio Español. La historia de las Antillas en general, se remonta al sexto milenio de la era antes de Cristo, momento en que arribaron a sus costas sus primeros pobladores. Los especialistas aseguran que el punto de partida de estos migrantes primarios se debe ubicar en América del Sur (nordeste de Venezuela y Colombia), América del Norte (península de la Florida) y, posiblemente, en América Central (península de Yucatán).
En esa historia antillana prehispánica Puerto Rico tuvo un lugar prominente y protagónico.
LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA de Puerto Rico es la lucha de América Latina por su independencia nacional y el despliegue en la región de una alternativa antiimperialista, anticapitalista y socialista. Las intervenciones que se presentan en este texto ofrecen un material de primera importancia política y de alto valor académico para entender el significado de la lucha independentista y nacionalista de Puerto Rico y las repercusiones que su triunfo tendría en toda América Latina y de una manera particular en el Caribe. Estos materiales son el resultado del encuentro realizado del 25 al 29 de julio de 1977 en la Universidad Nacional Autónoma de México. Los participantes puertorriqueños en este encuentro representan las opciones políticas que buscan afirmar los intereses históricos del pueblo puertorriqueño. La lectura de esta obra es obligatoria para entender los caminos que siguen los latinoamericanos para definir sus propias alternativas históricas. 1 Texto de contratapa de la publicación original [N. de los E.]. 2 Coordinador del Centro de Estudios Latinoamericanos. 15 INTRODUCCIÓN Suzy Castor1 DEL 25 AL 29 DE ABRIL DE 1977, las Facultades de Ciencias Políticas y Sociales, de Economía y de Filosofía y Letras con la colaboración de la Asociación de Estudiantes y residentes puertorriqueños en México, organizaron un debate sobre la cuestión puertorriqueña con un ciclo intitulado: Puerto Rico, una crisis histórica. Esta reunión, que difícilmente podría realizarse en la isla, tuvo la particularidad de reunir a los principales protagonistas de la vida política borinqueña y de presentar todo el abanico ideológico y político (a excepción del anexionismo) sobre la problemática puertorriqueña. Participaron en ella, Rubén Berríos Martínez, Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP); Rafael Hernández Colón, gobernador de la isla hasta diciembre de 1976, entonces presidente del Partido Popular Democrático (PPD), defensor del Estado Libre Asociado; Juan Mari Bras, Secretario General del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) que postula el independentismo socialista; Roberto Sánchez Vilella, gobernador de 1964 a 1969; Manuel Maldonado Denis, sociólogo, catedrático, autor de importantes estudios sobre Puerto Rico. 1 La Dra. Suzy Castor es Investigadora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. PUERTO RICO, UNA CRISIS HISTÓRICA 16 Como comentaristas de ponencias y en las mesas redondas participaron destacados académicos de México y de otros países, tales como el Dr. Pablo González Casanova, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México; Héctor Cuadra; Agustín Cueva Dávila; Sergio de la Peña; Jaime Labastida; así como José Luis González; Emilio González; Cayetano Llobet; Eduardo Ruiz; Daniel Waksman. El trabajo de edición bastante laborioso, recogió las ponencias escritas, las orales, las preguntas a los ponentes y las respuestas a las mismas, así como las mesas redondas que fueron exposiciones orales. Para la presentación del material en su forma actual, se respetó siempre el sentido de lo expuesto por los ponentes. Por lo delicado de esta tarea, conservamos en nuestros archivos del CELA las cintas grabadas de todas nuestras sesiones.2 El Coloquio fue realizado al momento de una nueva coyuntura tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. En efecto, el Presidente Gerald Ford, en las postrimerías de su administración, a pesar de haber perdido las elecciones, anunció el 30 de diciembre de 1976 en Vail (Colorado), su decisión de someter al Congreso de Estados Unidos un proyecto de ley para incorporar a Puerto Rico como Estado de la federación norteamericana. El 14 de enero, a escasos días del traspaso de poder, Gerald Ford propuso al Congreso la creación de un nuevo Comité ad hoc para investigar todos los efectos de la Estadidad para Puerto Rico y los pasos necesarios a seguir tales como la redacción de una Constitución para el nuevo Estado, la realización de un referéndum en la isla y la anexión. El presidente electo James Carter en este momento reiteró la tesis colonialista que Puerto Rico pertenece a Estados Unidos y asumió la posición del presidente Ford. Sin embargo, se mostró mucho más cauteloso al afirmar que si bien “favorecía la estadidad para Puerto Rico, lo hacía si el pueblo que vive allí lo prefiere... y que el Congreso norteamericano no debería tomar la iniciativa propia”. Al mismo tiempo, se presentaba un cambio en la administración interna puertorriqueña. El Partido Popular Democrático (PPD), fundador del Estado Libre Asociado (ELA), acababa de sufrir una derrota. Su candidato, el gobernador en turno Rafael Hernández Colón, había perdido las elecciones del 2 de noviembre de 1976, frente a Carlos Romero Barceló del Partido Nuevo Progresista (PNP). El PNP, agrupación anexionista que reúne a los sectores más conservadores, había recuperado el poder perdido desde la gubernatura de Luis Ferré de 1969 a 1972. 2 Las cintas grabadas fueron transcritas por Elizabeth Jordán y Maritza Pérez Otero. Agradecemos a Elizabeth Darzón por su ayuda en la revisión del material y a Gilda Lugo que tan gentilmente mecanografió los textos. Suzy Castor 17 Por ello, durante el Coloquio, tras todas las intervenciones y exposiciones, la cuestión candente, en el centro de los debates, venía a ser la del status: anexionismo, estadolibrismo, independencia. Hoy día, después de dos años de gobierno de Carter, de la gestión de Romero Barceló y de la actuación en el escenario de las principales fuerzas políticas de la isla, ¿cuál es la situación? Siguen vigentes la problemática colonial planteada en el Coloquio y todos los elementos de la crisis. En efecto la evolución histórica de Puerto Rico está estrechamente ligada a su situación colonial bajo la potencia imperialista más fuerte del mundo. En la actualidad, la agudeza de la crisis colonial se inserta dentro del contexto de la crisis internacional, la más larga y prolongada del capitalismo. Hoy día el presente status de Puerto Rico no satisface a casi ninguno de los sectores norteamericanos. Desde hace algunos años, los informes confidenciales u oficiales han subrayado con insistencia que “los años tranquilos de la ELA han pasado”. Ya en 1974, un alto funcionario del Departamento de Estado, C. Arthur Borg, señalaba que “el ELA es inaceptable para la comunidad internacional y no es compatible con la realidad constitucional norteamericana”. Aunque en las altas esferas de Washington se plantean dos alternativas: estadidad o independencia, la actitud que prevalece es un rechazo a la descolonización de Puerto Rico. Si bien alrededor de estos dos puntos existe un consenso en los círculos oficiales norteamericanos, la administración Carter no vislumbra todavía con mucha claridad, los nuevos pasos a emprender para intentar mediatizar las reacciones generadas por los sentimientos nacionalistas puertorriqueños y más de acuerdo con la evolución de la situación internacional. Sin embargo, el cambio es urgente, tal como lo subrayaba con mucho realismo en noviembre de 1977 el ex-embajador norteamericano en República Dominicana, Martin Bartlow, “En la cuestión de Puerto Rico, hay una bomba de tiempo potencialmente peligrosa para nosotros”. El Wall Street Journal (el único de los 27 grandes periódicos estadunidenses que aplaudió la decisión de Gerald Ford) no escondió sin embargo sus preocupaciones frente a la anexión, al escribir en enero de 1977: Los verdaderos problemas de la estadidad en Puerto Rico son complicados, en términos económicos y políticos. Los obstáculos económicos hacen resaltar algunas de las descabelladas decisiones de la política de Estados Unidos y los problemas políticos involucran el futuro de la política norteamericana hacia el Caribe en general. PUERTO RICO, UNA CRISIS HISTÓRICA 18 El Pentágono representa la línea dura que empujaría hacia una anexión, mientras el Grupo del Foreign Police Institute con Zbigniew Brzezinski, del Departamento de Estado, considerando las repercusiones internacionales de la anexión y sus posibles consecuencias en la política interna de Estados Unidos, mantienen una actitud más prudente. Por ello, frente al referéndum programado para después de 1980, la administración Carter está multiplicando los estudios sobre la isla. Entre ellos merecen destacarse el de William Tansill, Puerto Rico, ¿estadidad o independencia? (agosto de 1977); el de Donald W. Kiefer, La aplicación de las leyes contributivas federales y programas de gastos a Puerto Rico como Estado (septiembre de 1977). Ambos pertenecen a la División de Análisis de gobierno nacional de la Biblioteca del Congreso; el informe de Peter B. Sheridan de mayo de 1978 sobre Estado libre, estadidad o independencia y, naturalmente, el estudio de la Comisión conjunta norteamericana-puertorriqueña de 1977, cuyos resultados fueron entregados en febrero de 1979. Las conclusiones de todos estos estudios subrayan para la administración Carter la complejidad de la situación puertorriqueña. Rechazan la estadidad. Rechazan la independencia. Descartan la alternativa de la ELA, poco viable en su forma actual. Coincidiendo con las conclusiones del Coloquio, dichos informes hacen referencia a la importancia económica y política de Puerto Rico para los Estados Unidos. En efecto, la existencia de grandes cantidades de petróleo en la costa atlántica de Puerto Rico es ya una realidad. No se puede ignorar la presencia de las grandes trasnacionales norteamericanas y la articulación de la economía puertorriqueña a la norteamericana. Las consideraciones geopolíticas pesan cada vez más en la estrategia norteamericana. Con la actuación de Cuba en África, se estima que ha aumentado la importancia de Puerto Rico en cuanto a su papel para la “defensa y seguridad nacional” de los Estados Unidos. El Caribe —señalaba en 1978 Martin Bartlow—, sigue siendo nuestra frontera y sigue siendo una base potencial desde la que una potencia hostil podría lanzar operaciones militares contra nosotros, sigue siendo una fuente de materias primas estratégicas y sigue siendo una importante ruta marítima a través de la cual reabastecemos a nuestra propia costa oeste y la costa occidental de América del Sur, y Puerto Rico es la llave del arco de islas que guarda la entrada al Caribe. Por ello, la administración Carter ha guardado una actitud prudente frente al statu quo para no comprometer los próximos pasos a realizar a fin de salvaguardar los intereses económicos, políticos y militares del imperio. Ha multiplicado las declaraciones verbales. El 25 de julio Suzy Castor 19 de 1978 el mandatario estadounidense envió una carta a Carlos Romero Barceló en la cual se manifiesta a favor del plebiscito de 1981 asegurando que su país y su gobierno han estado dispuestos en el pasado, están dispuestos en el presente y en el futuro a respetar la autodeterminación del pueblo puertorriqueño. Todavía en septiembre de 1978, Andrew Young declaraba que Estados Unidos “respetará el derecho de los puertorriqueños a determinar de nuevo su curso político”. Sin embargo, la historia ha demostrado en qué consiste dicho respeto. Lo que está en juego es grande, y la administración Carter busca desesperadamente una nueva vía para mantener y consolidar el dominio colonial sobre la isla. Mientras tanto, durante estos dos años, Romero Barceló y su partido, utilizando todos los recursos y la maquinaria política gubernamentales llevaron una actividad febril tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico para convencer de los beneficios de la estadidad. Han denunciado “los rasgos coloniales de la ELA”, la situación política ambigua de Puerto Rico en la actualidad, el papel de “ciudadanos de segunda de los puertorriqueños” que son excluidos del voto presidencial, y que no tienen representantes en el Senado. Han comparecido en la ONU planteando las dos alternativas posibles: estadidad o independencia. En las últimas elecciones primarias demócratas estadounidenses se han puesto al lado del Partido Demócrata, apoyo tradicional de los PPD. No hay duda de que esta posición del PNP agrega una nota más de confusión en un cuadro de por sí complicado para los pro-norteamericanos y los estrategas del Departamento de Estado. Sin embargo, mientras estas actividades del PNP en favor de la anexión se desarrollan, se agudiza la crisis económico-social señalada en el Coloquio de 1977. El gobernador Romero Barceló declaraba con mucho optimismo en un discurso en marzo de 1978: “La recuperación está ocurriendo en todos los sectores económicos del país, inclusive en el sector industrial”. Sin embargo, esta ligera recuperación no fue más que una ilusión. A pesar del Nuevo Programa de Incentivos instituido por el gobierno, los factores de crisis señalados por los participantes del Coloquio siguen aumentando: la inflación, el desempleo (40% de la fuerza de trabajo), la emigración, la deuda pública (más de 12 mil millones de dólares), las quiebras, la criminalidad, etcétera, golpean con mucha fuerza a los puertorriqueños. Todavía más, los nuevos reglamentos sobre los cupones alimenticios adoptados en marzo de 1979, afectan sobremanera a los sectores bajos y medios de la población. Las manifestaciones de descontento se han multiplicado. Por una parte, una ola de violencia se ha desatado sobre la isla, y por la otra el movimiento sindical organizado empieza a adquirir cierta fuerza. PUERTO RICO, UNA CRISIS HISTÓRICA 20 Al respecto fue bastante significativo, la huelga por la UTIER contra la Autoridad de las Fuentes Fluviales, lo que provocó una situación calificada por Romero Barceló como “la más delicada y crítica por la que ha atravesado Puerto Rico durante muchos años”. Incluso, a nivel del aparato gubernamental, en el PNP, se nota cierto malestar con la renuncia de altos funcionarios del gobierno tales como Reinaldo Paniagua, secretario de Estado; Roberto Torres González, jefe de la policía; y, Mariano Mier, presidente del Banco Gubernamental de Fomento Económico. Frente a esta situación, el gobierno entró en una fase que Hernández Colón calificó de “deterioro institucional”. La represión se vuelve menos velada que en las administraciones anteriores, los despidos de empleados por razones políticas aumentan e, incluso, se llega a situaciones extremas como la de Cerro Maravillado de Villalba que provocó la muerte de dos estudiantes, Carlos Soto y Arrivi y Arnaldo Davis Rosado, el 25 de julio pasado, lo que desató protestas de todos los partidos políticos de la isla. En el plano internacional, la Comisión Especial de Descolonización de la ONU aprobó una nueva resolución en favor de Puerto Rico. Desde 1962, se venía dando la presentación reiterada en las Naciones Unidas del caso colonial de Puerto Rico, por Cuba con el apoyo de varios otros países. Esta denuncia que, al mismo tiempo, exige la aplicación del acuerdo 1514 (XV) adoptado por la ONU, se enfrentó siempre a las presiones diplomáticas, chantaje y amenazas de los Estados Unidos. Para impedir que se discuta el caso, se venía argumentando que el Comité no tiene jurisdicción para tratar un asunto interno de Estados Unidos. Sin embargo, la solidaridad internacional con el caso de Puerto Rico colonial se fue extendiendo, manifestándose en conferencias internacionales tales como las de los países no alineados. En la sesión de la ONU de 1978, la correlación de fuerzas dentro del Comité de los 24, hacía prever lo decisivo del proyecto presentado por Cuba e Irak, el cual sentaba las bases para la descolonización de Puerto Rico. En vista de la importancia de esta, asistieron y participaron en los debates, representantes de todas las fuerzas políticas de la isla y aun de Estados Unidos; los portavoces máximos de los partidos políticos puertorriqueños, incluso el anexionismo con el propio gobernador Carlos Romero Barceló; los representantes de más de 30 organizaciones políticas, culturales, profesionales, religiosas, masónicas; los independentistas y los “pitiyanquis” del PNP; las organizaciones internacionales como el Comité Mundial de la Paz con su representante Romesch Sandra; los grupos anti anexionistas de Estados Unidos con el congresista Ronald Dellums, etcétera.

Para algunos, se trata de una "revolución", un movimiento popular-musical, una movilización como nunca antes se había visto en la azarosa historia de la isla.
En menos de dos semanas, un movimiento cívico sin precedentes, con algo de reggaetón y mucho de indignación, colocó a Puerto Rico en el mapa noticioso del mundo y acabó con la renuncia del gobernador, Ricardo Rosselló.
La filtración de un chat privado -salpicado de misoginia y homofobia- y el arresto de dos altas figuras de su gobierno acusadas de corrupción fueron la chispa que hizo estallar el polvorín de las inconformidades sociales de los puertorriqueños durante las últimas décadas.
"Sin quitarle nada a la palabra, se trata de un hecho revolucionario. Nunca antes la sociedad puertorriqueña se había unido de esta forma para pedir la salida de un gobernante", asegura a BBC Mundo José J. Colón, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras.

Las protestas tomaron las principales calles desde mediados de julio.
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Fin de las recomendaciones.
La música, las pancartas, los cacerolazos y las banderas llegaron incluso a lugares más remotos de la isla y, aunque resistió durante más de diez días, Rosselló no tuvo más alternativa: anunció en la noche del miércoles que deja el cargo el venidero 2 de agosto.
iles de personas se manifestaron durante días para pedir la renuncia de Rosselló.
Sin embargo, la gran pregunta pendiente es en qué medida su renuncia será también un primer paso para resolver los graves problemas de la isla que, en definitiva, fueron la "bomba de tiempo" que hizo finalmente explotar la publicación de los chats.
"No cabe duda de que Rosselló se tenía que ir. Sus comentarios en esos chats mostraban un desprecio total por principios básicos de derecho humano, de respeto a la dignidad humana y fue legítimo que se pidiera su salida", comenta Colón.
"Pero también es cierto que el descontento popular detrás de estas protestas tiene su base en otros problemas de fondo que preceden a Rosselló", agrega.
Una isla en crisis
Desde 2006, Puerto Rico vive una desastrosa crisis económica de la que todavía no ve un posible escape.
Ese año, el Congreso de EE.UU. suspendió un acuerdo que favorecía a las empresas estadounidenses para que se establecieran en la isla, lo que conllevó a un éxodo de compañías y propició el inicio de la debacle económica.
Decenas de miles de puertorriqueños han emigrado desde entonces, los índices de desempleo y pobreza se han disparado, los recortes y la deuda se ha multiplicado y el gobierno se quedó sin fondos.
"Algunos de los problemas que están ventilando en estas protesta tienen más que ver con una serie de políticas de austeridad, una serie de recorte de gasto público que llevan muchos años molestando a la población", señala Colón.
ueños pidieron la salida de Rosselló, pero también de la Junta Federal que controla los gastos fiscales.
En 2016, Estados Unidos puso en marcha un mecanismo para la restructuración de la deuda, que ascendía entonces a los US$70.000 millones, a cargo de una junta federal de supervisión que tomaría decisiones respecto a los presupuestos del país, en lugar de la gobernación.
Desde entonces, esa junta se ha vuelto una figura incómoda, tanto para las autoridades locales como para muchos puertorriqueños, que la consideran una intromisión en los asuntos internos que limita la posibilidades de desarrollo.
Y sin mucho que poder hacer en ese sentido al inicio de su gobierno en 2017, Rosselló no tuvo de otra que declarar la isla en bancarrota.
Luego llegó el huracán María, que barrió Puerto Rico de un lado a otro con una estela de desolación y muerte: el gobierno reconoce unos 3.000 fallecidos pero según un estudio de Harvard fueron más de 4.600.
Además, miles de personas se quedaron sin electricidad por casi un año.
"Cuando vino el huracán, el gobierno de Puerto Rico contaba con muy pocos recursos y había municipios que, incluso sin el huracán en el horizonte, ya no tenían recursos para recoger la basura o para hacer cosas básicas de su gestión", comenta Colón.
stó la isla en 2017.
"Todo estos eventos más casos de corrupción que se han ido reiterando han creado una creciente polarización en Puerto Rico: hay sectores cada vez más ricos y sectores cada vez más pobres", explica a BBC Mundo Carlos A. Suárez Carrasquillo, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Florida.
"Al final todas estas circunstancias que se vienen cargando por décadas actuaron como caldo de cultivo que finalmente explotó con el chat de Ricardo Rosselló. Pero es cierto que hay una serie de eventos que preceden a Rosselló que complican la dinámica de gobernar en Puerto Rico", señala.
La Junta Fiscal sigue controlando los gastos y su influencia en la política local, en criterio de muchos, trasciende sus propias funciones.
Mientras, los efectos del ciclón se hacen sentir casi dos años después y el gobierno no cuenta con los recursos monetarios o humanos para hacerle frente.
La relación con Estados Unidos
Desde finales de 1898, cuando dejó de ser colonia de España, Puerto Rico vive una situación anormalmente peculiar: no se convirtió, como ocurrió con Cuba, en un país independiente, sino que pasó a manos de EE.UU., sin llegar a ser estado de pleno derecho.
Es un "estado libre asociado", lo que implica que sus habitantes son ciudadanos estadounidenses; pero no cuentan con algunos de los deberes, privilegios y ayudas de los que gozan otras partes de EE.UU.
En cinco ocasiones los puertorriqueños han llevado a referendo el estatus político de su isla, pero los resultados han sido variados y nunca Washington los ha considerado vinculantes.

La relación es también un motivo de división en la isla, entre los que creen que Puerto Rico debería ser independiente y los que opinan que debería unirse a Estados Unidos o, incluso, los que abogan por otras opciones intermedias.
"Históricamente, el tema que fragmenta la política en Puerto Rico es el de la relación con Estados Unidos: estabilidad, independencia, status quo. Y es un problema que también sigue independientemente del gobernador", señala Suárez Carrasquillo.
De acuerdo con Colón, a través de los años, el Partido Progresista, liderado hasta el pasado domingo por Rosselló, encaminó sus esfuerzos a negociar la admisión de Puerto Rico en la federación estadounidense.
"Eso ha resultado claramente una fantasía y una estrategia fallida, por las propias objeciones en Estados Unidos que van desde los temores a que se convierta en un estado demócrata, a temas raciales o miedo de que Puerto Rico necesite incentivos contributivos especiales", señala.
La compleja relación con Estados Unidos conlleva a que la isla esté sometida además a un régimen especial en el que solo barcos con bandera estadounidense pueden atracar allí, lo que se ha convertido en un obstáculo para su comercio y ha encarecido notablemente los precios de los productos.
"Sin lugar a dudas, la relación con Estados Unidos es uno de los problemas que también van más allá de Rosselló y que serán un desafío para cualquiera que gobierne", agrega Colón.
Un gobierno "sin legitimidad"
El anuncio de la renuncia de Rosselló el miércoles conllevó también a que muchos se cuestionarán quién tomará las riendas de la isla hasta las elecciones de 2020.
Es la primera vez que un gobernador dimite en la isla, pero las complicaciones en la sucesión no radican ahí.
De acuerdo con la Constitución de Puerto Rico, sería el el secretario de Estado quien debería sustituir al gobernador, pero Luis G. Rivera Marín, quien ocupaba ese cargo, también renunció por su participación en el intercambio de los polémicos chats.
ora de Rosselló el próximo 2 de agosto.
En tal caso, la tercera persona en línea para el cargo es quien ocupe la Secretaria de Justicia, en este caso la abogada Wanda Vásquez Garced.
La jurista, no obstante, enfrenta numerosas señalamientos en su país y una creciente impopularidad, tanto entre los sectores que han organizado las protestas como en la clase política.
De hecho, los expertos consultados por BBC Mundo ponen en duda que realmente llegue al cargo: en las protestas de este miércoles, ya comenzaron a aparecer carteles y consignas en su contra.
Según Colón, las protestas en la isla responden también a un elemento que va más allá del escándalo del chat de Rosselló: la crisis de los partidos tradicionales y del bipartidisimo que ha gobernado la isla desde mediados del siglo XX.
"Mientras no cambie la estructura política, esas incomodidades se continuarán generando y continuarán apareciendo candidaturas independientes", señala.
escontento de los puertorriqueños con su gobierno local se ha acumulado a lo largo de los años.
Suárez Carrasquillo, por su parte, considera que una de las cuestiones fundamentales es cómo la máxima autoridad de Puerto Rico conseguirá restaurar la confianza popular, que se ha lastrado por décadas.
"El gobierno perdió su legitimidad popular y una de las interrogantes que quedan pendientes es si la persona que asuma el cargo la podrá recuperar. Y nombrar a alguien que tenga apoyo popular es un elemento decisivo para las elecciones de 2020", considera.
De acuerdo con el experto, la gran pregunta es si existe alguien en Puerto Rico que pueda satisfacer las exigencias políticas de este movimiento cívico que lleva dos semanas en las calles de San Juan. O de dónde saldrá el líder que satisfaga las exigencias políticas de los que ahora han tomado las calles.
"Ahora queda por verse qué tendrá más fuerza si los conflictos partidistas tradicionales o los reclamos sobre la relación con EE.UU., la voz de los que piden Rosselló fuera, pero también, los que protestan por la Junta o por la deuda. Es algo que está por verse en los días venideros", opina.
raya

La emigración de puertorriqueños a Estados Unidos ocurrida después de la Segunda Guerra Mundial ha sido uno de los fenómenos de mayor trascendencia en la historia de Puerto Rico. Aun cuando ya desde principios del siglo XX ocurría alguna emigración de puertorriqueños, para 1944 sólo habían dejado nuestras playas poco más de 70,000 individuos, para un promedio aproximado de 2,000 personas por año. Entre 1945 y 1949, sin embargo, emigran 135,000 personas a un ritmo promedio de 27,000 anualmente. En 1952 y 1953 emigran, respectivamente, 60,000 y 70,000 puertorriqueños, las cifras más altas registradas en la Isla hasta esa fecha. Durante el período de 1950-54, más de 237,000 isleños se mueven a Estados Unidos, cerca de 47,000 por año. La emigración baja un poco después durante el próximo quinquenio (1955-59), aun cuando 193,000 personas emigran. En total, entre 1945 y 1959 más de medio millón de puertorriqueños había dejado nuestras playas.
Si añadimos al total de emigrantes el número de hijos que éstos hubiesen procreado en la Isla de haberse quedado, llegamos a la conclusión de que entre 1940 y 1960 la Isla dejó de ganar alrededor de un millón de personas como resultado de esta emigración en masa. Como consecuencia, el ritmo de crecimiento poblacional sufrió un considerable amortiguamiento entre 1940 y 1960.
Se estima que entre 1950 y 1970 unos 700,000 puertorriqueños abandonaron la Isla para radicarse en su inmensa mayoría en Estados Unidos. De acuerdo con el censo de 1970, residían en Estados Unidos 1,391,000 personas de ascendencia puertorriqueña, de las cuales 810,000 eran emigrantes y 581,000 eran hijos de emigrantes nacidos en Estados Unidos. Tomando en cuenta estas cifras, la emigración de puertorriqueños hacia Estados Unidos fue capaz de reducir la población de la Isla en un 34% entre 1950 y 1970.
Sin embargo, desde 1957 hemos venido observando una reducción radical en las cifras de emigración. En 1961, por ejemplo, y por primera vez desde la época de la Depresión, se registró en la Isla un balance de inmigración de alrededor de 2,000 personas. En otras palabras, entraron a Puerto Rico dos mil personas más de las que salieron.
Durante los años sesenta, la emigración de puertorriqueños nacidos en la Isla continuó en aumento aun cuando la emigración total se redujo radicalmente. Esto se debe a que hubo un aumento consistente en la inmigración de personas nacidas fuera de Puerto Rico. De esta inmigración de personas nacidas en el extranjero, alrededor de un 30% era de origen puertorriqueño; esto es, uno o ambos padres eran puertorriqueños. Sin embargo, la gran mayoría eran extranjeros de ascendencia y nacimiento. Suponemos, que los datos no expresan tal desglose, que parte de estos extranjeros eran cubanos, especialmente para el año 1961. La magnitud de las cifras nos indica que la gran mayoría deben ser estadounidenses. En otras palabras, a principios de los años sesenta aparentemente hubo un intercambio de población en la Isla y no un descenso en la emigración de los puertorriqueños.
NOTA EL PERIODISTA Alberto Diaz:
Si tomamos en cuenta que la historia registra una gran ola de inmigrantes puertorriqueños hacia la República Dominicana durante la década de los 40s, podemos ver que para nada a los boricuas les interesa que el mundo sepa que en 1947 muchos de ellos dejaron todas sus pertenencias en su país para venir a la isla.
Muchos quedaron indocumentados porque en su travesía en Yola, se mojaron sus documentos y otros no tuvieron tiempo de tomarlos en Borinquén para traerlos y al llegar a la república con el sistema político que había de la dictadura trujillista, pues esto quedaron como un dominicano mas. Pero a los boricuas no les interesa  que esta historia se conozca porque ahora son los dominicanos que toman la yola para emigrar hacia esa isla que por supuesto es bonita con gente muy hospitalaria aunque no dejan de tener un resentimiento guardado cosa que se la achacamos al problema laboral ya que estos señala que la falta de empleo que hay en la isla es por culpa de la usurpación  de los espacios y oportunidades por parte de los dominicanos y dominicanas que llegan allí.

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